Lenguas antipáticas

Este fin de semana en El País, Josep Ramoneda expone perfectamente la situación en Cataluña y las incongruencias del Manifiesto de apoyo a la lengua castellana. Vale la pena leer con detenimiento sus argumentos (ver a continuación) y constatar el sinsentido del llamamiento hecho por El Mundo. La actitud de este periódico, tan dado a buscar (y crear) conspiraciones de todo tipo, es vergonzosa. Este panfleto disfrazado de periodismo y los firmantes del Manifiesto pretenden povocar y fomentar el conflicto lingüístico, por no decir social. Son la cara moderna del Franquismo. La cara moderna de una España monolítica, reaccionaria, que odia la diferencia y pretende aniquilarla, antes con la fuerza, hoy con la palabra y la ley (la que les conviene). Pretenden respetar sólo las leyes que les interesan, obviando Estatutos de autonomía (Leyes Orgánicas, por cierto) y toda legislación favorable a una España plural (si es que esta existe). Olvidan sin embargo que el Parlamento de Cataluña aprovó por amplísima mayoría el sistema educativo actual (sistema que consigue que todos los estudiantes salgan de la escuela dominando las dos lenguas y evita crear ghettos). Toda ley es discutible, pero hay que respetarla.

Sin entrar en el debate sobre el fondo de la ley, los instigadores del Manifiesto olvidan que el sistema educativo de inmersión lingüística ha sido aprobado por los representantes legales y democráticos de los catalanes. Cuando se pretende pasar por encima de la legislación, presionar los tribunales (léase el Constitucional) y no respetar las decisiones de de un órgano de representación democrática, estamos ante el fascismo, se disfrace como se disfrace. 

Con esta actitud, sólo consiguen que cada vez sean más los catalanes catalanohablantes que vean España, no como un espacio común de convivencia como se nos pretende hacer creer, sinó como un espacio opresivo, que menosprecia la diferencia. En otras palabras, una España que desconoce su propia realidad y no quiere conocerla. Una España inculta y cateta.

Si España fuera realmente cosmopolia, empezaría por interesarse por todos los ciudadanos que residen en ella, todos, y después se abriría al mundo. Así se intenta construir la Cataluña moderna, donde el inglés gana terreno en los colegios, pero que no sin renunciar a nuestras raíces. Renunciar al catalán obligatorio en la escuela sería tan esperpéntico como pedirle a los Países Bajos que no obliguen a sus alumnos a aprender el holandés. Hoy en día lo aprenden, y también el inglés. ¿Dónde está el problema? Precisamente, lo que les molesta a los defensores del Manifiesto es que se enseñe el catalán a todos los estudiantes. Prefieren los ghettos, como buenos fascistas.

 

La lengua obligatoria – Josep Ramoneda

Un ciudadano de Cataluña que lo desee puede vivir en este país sólo con la lengua castellana; un ciudadano de Cataluña que lo desee no puede vivir sólo con el catalán. Ésta es la asimetría sobre la que está construido el Manifiesto por una lengua común que la prensa conservadora madrileña ha convertido en el juguete político de la temporada. Para un catalanohablante, el bilingüismo es obligatorio; para un castellanohablante, no. Es una peculiar interpretación de la equidad lingüística.

El alegato por la lengua común, que hace el castellano obligatorio, pero no las lenguas propias de cada comunidad autónoma “porque hay una asimetría en las lenguas españolas oficiales”, se funda en la idea convertida ya en mito de que “son los ciudadanos los que tienen derechos lingüísticos, no los territorios, ni mucho menos las lenguas mismas”. Pero, por lo visto, hay ciudadanos con más derechos lingüísticos que otros porque tienen que aprender una sola lengua, mientras que los que hablamos catalán tenemos que aprender dos.

En coherencia con la afirmación de que los derechos lingüísticos son de los ciudadanos, se dice que “las lenguas no tienen derecho a conseguir coactivamente hablantes”. Pero la solidez del principio de referencia no aguanta ni cinco líneas. Porque inmediatamente después se precisa que el castellano es “obligatorio”, y, por tanto, puede ser impuesto, mientras que la aspiración a que todos sepan el catalán (o el vascuence, o el gallego) a lo sumo puede ser “estimulada”. ¿Por qué? Porque el castellano es la lengua común del territorio español. O sea, que hay territorios con derechos lingüísticos y otros que carecen de ellos, de modo que los principios fundamentales del razonamiento -los que enfáticamente afirman que los territorios no tienen derechos lingüísticos- son adaptables en función del lugar.

Dicen los autores del manifiesto que su inquietud es estrictamente política. Por eso el manifiesto concluye con unas notas o recomendaciones para un decreto de unificación lingüística que elevan al Parlamento español con la petición de que se desarrolle la normativa correspondiente, aun en el caso de que exigiera modificación de la Constitución o de algunos estatutos. Todo su alegato parte de la obligación constitucional de saber el castellano, pero la Constitución deja de ser intocable si se trata de garantizar más todavía la hegemonía de este idioma. De modo que el manifiesto es una invitación explícita al PSOE y al PP a poner orden lingüístico en las naciones periféricas e, implícitamente, una señal al Tribunal Constitucional para que no desaproveche la oportunidad de revisar el Estatuto de Cataluña. La irrupción del nuevo PP de Rajoy en apoyo del manifiesto demuestra las limitaciones de la renovación de la derecha: quiere forjar alianzas con los nacionalistas periféricos, y lo primero que hace es darles donde más les duele: en la lengua.

Los conflictos entre lenguas son siempre delicados y difícilmente admiten soluciones definitivas, salvo en regímenes que estén en condiciones de imponer una lengua a sangre y fuego. Puesto que éste no es el caso, siempre habrá puntos de roce y opciones insatisfactorias para unos u otros. Hace tiempo que sabemos que el retablo social en que todas las piezas encajan perfectamente es del dominio de la utopía, es decir, del horror. En Cataluña se optó, con amplio consenso político y social, por la inmersión lingüística. No fue un capricho. Fue una opción con un doble objetivo: recuperar la lengua propia y evitar la fractura del país en dos comunidades idiomáticas. Ha funcionado razonablemente. A pesar de algunas estridencias, perfectamente evitables, de los que todavía sueñan con la absurda fantasía de un país monolingüe en catalán. Los jóvenes acaban los estudios básicos conociendo los dos idiomas, y después es ya la dinámica social la que determina los usos. Y en ésta el castellano todavía juega con mucha ventaja. En Cataluña se hablan hoy decenas de lenguas, ¿no empieza a ser antiguo este debate?

¿Cuál debería ser el objetivo? Una sociedad realmente bilingüe. Es decir, una sociedad en la que cuando uno inicie una conversación en catalán tenga la certeza de que le responderán en catalán y cuando uno la inicie en castellano tenga la certeza que le responderán en castellano. Éste sería un equitativo ideal regulativo. Pero a día de hoy, el bilingüismo es todavía perfectamente asimétrico a favor del castellano. Y, sin embargo, el manifiesto pretende que asumamos que el castellano sea obligatorio y el catalán no. ¿No eran algunos de los firmantes los que decían que las lenguas que se imponen obligatoriamente se hacen antipáticas?

 

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4 Respostes to “Lenguas antipáticas”

  1. xavi Says:

    Totalment d’acord.
    Al final tots els que vivim a Catalunya pensem el mateix (encara que alguns per motius polítics diguin el contrari).
    Fa uns dies jo tambè parlava del manifest aquí: http://diariodeunocioso.blogspot.com/search/label/lengua
    i es que el tema, que a Catalunya no es problema, ens el passen tantes vegades per la cara que ens inflen les pilotes.

    Una abraçada;

  2. xavi Says:

    L’element que desvirtua més clarament les seves mentides i incongruències és que qui escriu aquest manifest només ha estat a Catalunya de pas. No hi viu ni té la més remota idea de quina situació té el català i el castellà. I evidentment el seu redactat suspendria el més elemental judici legislatiu.

  3. Joan Says:

    Hola a tots

    A mi això del manifest em fa pudor a una cosa que retorna. Aquests de El Mundo són especialistes en ressucitar allò que crèiem ja mort. No entenc aquesta gent que fa servir les llengües com a eina d’enfrontament, més que com una eina de comunicació i d’enteniment. És trist, perquè van d’intel·lectuals i d’erudits per la vida.

    No creieu que el perill a Espanya està més en els separadors que no pas en els separatistes?

    He dit que és trist. Em produeix tristesa, però estic començant a sentir, d’un temps ençà, una mica de por. Espero que el temps ens doni la raó.

    Una abraçada.

  4. Miguel Says:

    Solo quiero aunque tarde ya dar mi pesame a quienes como estas personas que escriben en este blog sus opiniones totalmente de acuerdo con quien escribió este articulo.
    Si realmente en Cataluña hay dos clases de personas las que creen lo que les dictan sus partidos politicos y las que vemos lo que estan intentado hacer de nosotros,decir que entre otras cosa nos estamos perdiendo en nuestras universidades a eruditos de un monton de materias,solo por que no dominan el idioma Catalán,yo conozco a familias catalanoparlantes que sus hijos no saben casi hablar castellano,no digamos ya escribirlo,Es esto riqueza cultural?
    Hace ya muchos años,más de los que muchos dequienes defienden el uso exclusivo del catalán tuviesen uso de razon,el la pasada dictadura se prohibia el uso del catalan,bien ahora se pretende lo contrario,si pudieran acabarian con el castellano,no se debe defender una lengua desde la imposición de multas por no rotular comercios en catalan,por ejemplo,no se puede por lo que se obligar a cantar “Els Segadors” firmes mientras se iza la bandera autonomica en ciertos centros,igual que el cara al sol de la epoca de Franco,pero a donde hemos llegado!!!creo que al renegar tanto de lo anterior han terminado estos ciegos politicos a olvidar lo que pasó y como ya se sabe,si un pueblo olvida su historia está condenado a repetirla,nos gobiernan los nuevos fascistas disfrazados de tolerantes.
    Ha vuelto el nacionalsocialismo,si ellos mismos lo dicen un partido nacionalista socialista,que podemo sesperar de esto?NADA……….
    IMPUESTO DE SUCESIONES,PEAJES,CORRUPCION EXTENDIDA,CASO MILLET,CASO PRETORIA,realmente esto da asco y encima hay gente que aun quiere dar clases de tolerancia y humanidad,vaya embusteros,si amais de verdad a esta tierra,por favor quitaros de una vez las orejeras y escuchar la calle,a la gente lo que nos importa es poder tener una buena educación,no la actual con uno de los indices de fracaso escolar más altos de la unión europea,por algo será,la gente quiere pagar su hipoteca y vivir tranquilos sin tener que desayunar cada mañana viendo un nuevo escandalo.
    Por mucho que les duela en el D.N.I pone ESPAÑA y en el pasaporte nacionalidad española,te podras sentir catalan,vasco,gallego,andaluz,etc… pero de cara al resto del mundo que desconoce estas rencillas de patio de colegio,somos españoles.

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